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Finlandia (apuntes para la guía de turismo responsable)

Según el Kalevala, en un principio solo había aire: Ukko, dios del cielo y el aire, era el dios supremo; Ilma era la personificación del aire y Luonnotar (“Hija de la Naturaleza”) que

“… pura y virgen se mantuvo
mucho tiempo, que en castidad
vivió en el fondo de las grandes
corrientes del aire, en las llanuras
inacabables de los cielos.
Pero acabó por aburrirse,
por ver su vida sin objeto;
sentía muy solitaria
viviendo siempre casta y pura
del aire entre las corrientes,
en los espacios infinitos.”
(Canto I del Kalevala).

El agua también estaba allí, ella fecundó a Luonnotar y dio a luz a Vainamoinen. Tras estos se creo la tierra, dejándose para el final el resto de elementos que conocemos. Aire, tierra y agua, los elementos primigenios, son los llamados elementos abióticos (sin vida) del medio natural (`erämaa´) y de los paisajes (`maisemaa´) que pasan a ser a su vez pilares fundamentales de la identidad nacional finlandesa. Tanto por su presencia física en el territorio como por su valor simbólico en el folklore finlandés estos tres elementos son tanto patrimonio natural como cultural de Finlandia.

La atmósfera sobre Finlandia a la que el texto se refiere en primer lugar a través de las menciones al aire y el viento presenta las características propias de las latitudes a lo largo de las cuales se extiende el país, al norte de los 60ºN. Por su parte, el jet stream polar, bien ondulante bien rectilíneo, que circula constantemente con rumbo W-E en torno a esta latitud separa dos zonas de la atmósfera con diferente espesor, siempre menor hacia el norte, sobre Finlandia. No en vano, el país también queda expuesto a la influencia de las bajas presiones subpolares (borrascas) y los anticiclones polares: las masas de aire que se desplazan con los individuos barométricos determinan las temperaturas, las precipitaciones y las horas de insolación.

No se puede entender el país sin sus regímenes climáticos como tampoco se puede hacer sin sus condiciones lumínicas: el sol de medianoche, la noche polar (kaamos) y las auroras boreales son, metafórica y literalmente, venidas del cielo. El agua se presenta en Finlandia con toda naturalidad y en todas sus formas excepto, y a diferencia de sus vecinos (Noruega, Suecia y Rusia), en la de hielo glaciar, detalle que resalta la originalidad del país finlandés.

El agua está presente en Finlandia desde los comienzos del Holoceno cuando el llamado Lago Báltico de Hielo cubrió, hace unos 10.000 años, buena parte del sur del país mientras una masa de hielo glaciar descansaba sobre el continente en el norte. Desde sus orígenes el agua inunda, empapa y moja Finlandia en casi todas sus modalidades: cuenta con decenas de miles de lagos y es actualmente el país con mayor superficie de pantanos y turberas de Europa. Hasta el propio nombre del país (Suomi) se traduce como tierra de pantanos. Y, según el Kalevala, las primeras tierras en ser habitadas fueron islas. Ya los primeros pobladores de estas tierras, en el Mesolitico y Neolítico, se abastecieron de los recursos que los diferentes cuerpos de agua les proporcionaban y navegaron por ellos para desplazarse en el territorio, a día de hoy sabemos también que la inmensa mayor parte de los yacimientos arqueológicos (más de 120 con restos pictóricos) de la Edad de Piedra en Finlandia se encuentran en la zona de los grandes lagos meridionales y se disponen de forma concentrada (a diferencia de los países vecinos, Rusia, Suecia y Noruega, donde la localización es mucho más dispersa). El cristianismo llegó de la mano de los suecos vía marítima para instalarse y levantar la primera ciudad de Finlandia en la desembocadura de un río, como también el resto de las llamadas fortalezas de Finlandia, construidas junto al agua e incluso rodeados por ella (Savonlinna, Hamenlinna y Suomenlinna). Ya desde, al menos, el siglo XV se transportaba madera desde los bosques de Laponia hasta las costas del Báltico a través del río Kemi, como también sucedía de forma similar en el río Tornio o en le lago Kalavessi. Es justo decir que en algunas regiones se ha desarrollado toda una cultura lacustre como ha sucedido en Savo del norte (Kalavesi) o fluvial como sucede a ambos lados de la frontera, en ambas orillas del río Tornio. Avanzado ya el siglo XIX romanticistas británicos destacaron tras sus viajes por el país la presencia de agua en Finlandia, siempre masiva: Selina Bunbury, notable escritora y viajera, destacaba en una misma frase la muy abundante presencia de “coníferas, granito, agua y pantanos” mientras que para John Barrow Finlandia era una tierra “salvaje y acuosa”. No olvidemos tampoco que los dos paisajes nacionales finlandeses de “bosques y lagos” (Koli) e “islas e islotes” (Aland) están definitivamente marcados por el agua. Los tiempos modernos y la industrialización de Finlandia también vinieron asociados al líquido elemento: el canal de Saimaa, abierto en 1.856, que permite la comunicación entre la ciudad de Kuopio y el el golfo de Finlandia fue una infraestructura de orgullo nacional que adquiriría un carácter político y simbólico a partir de la cesión forzosa de Karelia a la Unión Soviética de Stalin. Por último, es por todos bien sabido que el agua ha alimentado con energía eléctrica la floreciente industria finlandesa (Tampere, Nokia, Kuopio, Kajaani, Kemi) hasta convertir el país en uno de los más industrializados del planeta. Los astilleros, claramente vinculados al agua, han sido un sector económico tradicional con enorme incidencia en la economía nacional, de hecho actualmente el 60% de los rompehielos mundiales se fabrican en Finlandia donde también se han construido algunos de los cruceros más grandes del Mundo (Turku y Helsinki). Por si todo eso fuera poco cabe recordar que el país cuenta con una de las aguas potables de mejor calidad del mundo, la sauna no lo es sin agua y el hockey no es finlandés cuando no se patina sobre hielo. Dos iconos de la naturaleza finlandesa como son el cisne cantor (Cignus cygnus) y la endémica foca anillada de Saimaa (Pusa hispida saimensis) encuentran sus nichos ecológicos en ambientes acuosos. El agua es, definitivamente, en Finlandia un elemento cuantitativa y cualitativamente, natural y culturalmente muy valioso.

Contradiciendo a la sabiduría popular recogida en el texto de Lönnrot la litosfera (roca/tierra) representa a menudo el punto de partida de cualquier análisis territorial. El sustrato rocoso constituye el soporte físico sobre el que se asientan hidrosfera y atmósfera y se desarrolla la vida. Geológicamente hablando Finlandia se encuentra dentro del escudo fenno-escandinavo, una porción muy antigua del continente europeo, con tendencia a las topografías planas y estable en términos sísmicos y tectónicos. Todo el conjunto está formado especialmente por rocas plutónicas (granitoides) y metamórficas (gneiss) que se encuentran entre las más antiguas de todo el continente europeo con dataciones de hasta 3.400 m.a. como sucede con el gneiss de Siurua. En Finlandia, el granito, presente hasta en once variedades distintas, ostenta el status de icono nacional tal y como sucede con el cisne cantor o el oso pardo. Los eskers (harju) trascienden a la idea de meras formas de relieve y se reconocen como figuras claves en la configuración de la identidad nacional vistas como vías históricas de comunicación sobre tierra emergida a través de los lagos o como protagonistas de los paisajes lacustres y su estética particular. Son también referentes cronológicos, como las morrenas, con quienes comparten un origen glaciar, en un país actualmente sin glaciares, y están formados por la acumulación de fragmentos de rocas de tamaño variable. Con disposición serpenteante pueden llegar a tener dimensiones kilométricas. Se trata de auténticos hitos en el territorio.

La roca en Finlandia se reivindica también en la sauna, donde se calienta, y en el apellido de uno de los escritores nacionales (Alexis Kivi) como lo hace también en los centros urbanos a través de la arquitectura y pavimentación (Museo de Historia Natural de Helsinki, Parlamento Finlandés, Tempeliaukkio). Cada año que pasa lo hace también, la roca se reivindica, en el golfo de Botnia donde los movimientos isostáticos que vienen teniendo lugar desde inicios del periodo postglacial elevan las tierras de Kulervo a un ritmo de 0,9 cm al año que permiten al país ampliar su territorio sensiblemente año tras año.

El aire, el agua y la roca, los tres elementos primigenios, abióticos, pueden ser considerados pilares de una nación, al menos cuando su existencia y presencia son interpretados como este país lo ha hecho a lo largo de su historia, unas veces por necesidad y otras veces por convencimiento.


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