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El paisaje de las islas Lofoten

PROYECTO INVESTIGADOR: “Percepción e interpretación del paisaje en las islas Lofoten”

INTRODUCCIÓN

Las islas Lofoten conforman un archipiélago formado por siete islas principales: AustvågØy, GimsØy, VestvågØy, Flakstad, Moskenes, VaerØy y RØst. También incluímos en el archipiélago numerosos islotes y escollos hasta completar una cantidad aproximada de más de dos mil relieves emergidos sobre las aguas del mar de Noruega. Todos juntos cubren una superficie de unos 1.227 km2.

EN BUSCA DE LOFOTEN.

El Ártico, por latitud. La palabra Ártico proviene del latín arctĭcus y este del griego άρκtIkός. El término griego era utilizado para referirse a los osos. Los antiguos griegos se percataron de que estos animales sólo vivían en estado salvaje en el hemisferio norte y que las conocidas constelaciones de la osa mayor y la osa menor únicamente eran visibles desde posiciones al norte del ecuador. Estas son las razones por las que se ha hablado durante largos siglos del hemisferio norte como el “hemisferio de los osos”. Con el tiempo, la palabra y el espacio definido por ella se modificaría. Así en la lengua española se prescinde de la grafía `c´ o `k´ (según se considere el griego o el latín) que todavía pervive en la lengua inglesa (“arctic”) por ejemplo, mientras el espacio asociado a este nombre se desplaza hacia el norte. En la actualidad el término ártico solamente se aplica a la porción del hemisferio septentrional que se halla al norte de otro paralelo máximo como es el círculo polar ártico, situado a 66º33′43″N. El círculo polar ártico marca una latitud establecida por la incidencia de los rayos de luz procedentes del sol consecuencia de los movimientos de rotación y traslación terrestres. Al norte de este paralelo tenemos, al menos una vez al año, un día y una noche con 24 h de duración. Estos periodos conocidos como sol de medianoche y noche polar se prolongan a medida que nos desplazamos hacia el norte geográfico a 90ºN. Puesto que el archipiélago Lofoteño se encuentra situado entre los 67ºN y 68ºN es justo decir que las islas pertenecen al ártico noruego. Pero “el ártico”, como espacio, no solamente es considerado por la latitud que lo delimita teóricamente, lo cual es muy acertado, puesto que el paralelo del que hablamos es una línea imaginaria dibujada por los hombres para alcanzar una más fácil comprensión de las características de la superficie terrestre y de los vínculos entre nuestro planeta y el sol. Atlántico Norte, por deferencia. Hay algunas otras variables a tener en cuenta a la hora de acotar, definir y caracterizar un espacio, incluso más importantes y correctas que la latitud. A menudo, la latitud es una variable determinante para la existencia y distribución de especies animales y vegetales y, por tanto, una característica remarcable de los espacios terrestres. Pero esta siempre debe ser considerada en combinación con otras como la altitud, la distancia con respecto al mar, la insolación, el tipo de suelos, etc. Y también debemos considerar variables más propias o impuestas por las actividades humanas, elementos culturales de los espacios, como procesos políticos y sociales, actividades económicas, percepciones e interpretaciones artísticas, etc. La latitud sólo nos aporta un tipo de información que podemos calificar de estricta, inflexible, irreal e ideal. Generalmente un espacio de la superficie terrestre se caracteriza por la confluencia y convivencia de elementos de diferente naturaleza y procedencia. Se podría hablar de complejas redes de elementos en interdependencia, de combinación de flujos y, por tanto, de sistema. Es decir, no es incorrecto afirmar que las islas Lofoten se hallan en el Ártico pero, al mismo tiempo, no comparten muchas de las características que se ven presentes en la mayoría de los sectores marinos o continentales que encontramos al norte del círculo polar ártico (Svalvard, Nueva Zembla, Tierras de Elsmere y Baffin, Alaska continental, etc.) y sí, en cambio, se atribuyen a las islas Lofoten peculiaridades más propias de espacios algo más meridionales (Islandia, sur de Groenlandia, etc.).Esas otras peculiaridades, más propias de espacios “extrapolares” , vienen dadas por las condiciones climáticas representadas principalmente por el régimen de precipitaciones (cantidad y tipo) y los procesos geomorfológicos asociados a aquellas (dominio de procesos periglaciares y casi total ausencia de procesos glaciares); por razones históricas como el origen de los asentamientos humanos y civilizaciones dominadoras; por razones económicas basadas en las actividades principales (pesca frente a ganadería o caza); por razones políticas que van de las formas de estado (monarquía) a los regímenes gubernamentales y grados de autonomía (Groenlandia y Svalvard) entre otras. En definitiva, al menos por deferencia histórica, deberíamos considerar a las islas Lofoten más como parte constituyente del “Atlántico Norte” que como parte de un espacio más reducido, en cuanto a su extensión y concepción del mismo se refiere, como es el Ártico.

Laponia, un pasado no tan lejano. Muchas son las personas que se han preguntado qué es Laponia, qué unidades físicas o administrativas quedan bajo esta definición, hasta dónde llegan sus fronteras y por qué recibe este nombre. El desconocimiento entre el público general es absoluto. Con el término Laponia podemos referirnos, al menos, a tres espacios perfectamente diferenciados. Por un lado, Laponia es la provincia más grande y norteña de Finlandia cuya capital es Rovaniemi. También recibe el nombre de Laponia un espacio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1.996 por sus valores naturales (biológicos y geológicos principalmente) y culturales (es una de las más grandes y mejor preservadas áreas de trashumancia) que situamos en la provincia sueca de Norbotten. Pero Laponia es, sobre todo, un territorio.

La Geografía se ha encargado de definir este término. Territorio es una porción de la superficie terrestre, marina o continental, adscrita a unas actividades económicas. En Laponia la actividad económica histórica y principal es la cría de renos desarrollada principalmente por miembros de la comunidad Sami (irrespetuosamente conocidos como lapones). Es decir, hasta dónde se desplaza la cabaña de renos se extiende Laponia. Ya que los renos son una especie migratoria los límites del territorio lapón son móviles. Y estos límites son culturales, no administrativos. Al mismo tiempo podemos recordar que son cuatro estados los que mantienen derechos de soberanía sobre este espacio: Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia. En la actualidad, en la parte noruega, no se incluye a las islas Lofoten en dicho territorio ya que no encontramos en el archipiélago una dedicación por minoritaria que sea a esta actividad. La pesca sigue siendo aquí la base de la economía. Pero, tratando de subrayar la complejidad de los límites, del tipo que sean, que enmarcan las islas debemos recordar que la parte más meridional de la isla de HinnØya, ya en Vesterålen, donde sí se practica la ganadería del reno, se encuentra dentro de la municipalidad de Vågan cuya mayor superficie se extiende a lo largo y ancho de una de las islas principales del archipiélago Lofoteño. Pero ya hemos dicho antes que Lofoten no forma parte de Laponia en la actualidad. Aunque sí lo fue hace algunos siglos y, parece ser, durante mucho más tiempo en su historia que el tiempo que ha permanecido al margen del territorio lapón. Esto es lo que parecen confirmar algunos topónimos de origen Sami que todavía perviven en la cartografía actual de las islas y en la memoria colectiva de la población local como Suolovarri en AustvågØy.

Lofoten, Vesterålen y Noruega continental. El archipiélago de las Lofoten, pese a encontrase próximo a la costa continental noruega, es un conjunto insular perfectamente diferenciado. Este hecho se debe principalmente a su localización y disposición. A diferencia de otras islas y archipiélagos administrados por el estado noruego las Lofoten se adentran en el mar, desde el sur de las islas Vesteralen, conforme se prolongan hacia el suroeste. Al mismo tiempo los estrechos que las separan y ayudan a delimitar su costa aumentan de tamaño de tal manera que las distancias que median entre las islas más pequeñas y más meridionales (Vaeroy y Rost) y las que forman el resto del archipiélago es mucho mayor que la que encontramos entre las islas principales, mayores y más próximas al continente. De esta manera Vaeroy y Rost mantienen su condición propia de aislamiento mientras que en el resto del archipiélago a penas se aprecia la insularidad debido a la proximidad entre islas y cercanía al continente que ha permitido la construcción de puentes y túneles entre ellas. La escasa distancia que encontramos entre las islas principales del archipiélago Lofoteño se repite con respecto a las islas que forman el archipiélago situado inmediatamente septentrión conocido como islas Vesteralen. Debido precisamente a la escasa distancia que media entre ambos son muchas veces las que se cometen errores de percepción e interpretación incluyendo unas en el archipiélago de las otras. Pero pese a que comparten algunas características de corte geológico hay otras muchas que nos obligan a diferenciarlas como conjuntos insulares individualizados. Por lo pronto ya sabemos que reciben un nombre diferente que les fuera dado por la población local histórica. Pero esa misma población local también sentaría algunas bases para la discordia como fueron fijar los límites administrativos entre islas en una de ellas y no en el mar.

Como ya se dijo, la parte extrema nororiental de Austvagoya queda bajo el auspicio de la municipalidad de Hadsel mientras que la parte más meridional de Hinnoya queda adscrita a la de Vagan. Pero estas inusuales demarcaciones administrativas que deben tener su origen en una interpretación dieciochesca del territorio donde este quedaba demarcado por los límites de las cuencas hidrográficas no tiene repercusión en el paisaje actual del archipiélago sino todo lo contrario: el paisaje se muestra homogéneo y continuo en sus atributos a pesar de la división administrativa. O, dicho de otro modo, el sector más noroccidental de Ausvagoya, entre Storemolla y Hadselfiorden, se prolonga a lo largo del Raftsundet sin variaciones morfológicas de importancia a modo de unidad geomorfológica a pesar de encontrase adscrito a dos municipalidades diferentes.

Pero, avanzábamos, hay otras cuestiones que nos permiten diferenciar ambos archipiélagos regularmente. Por un lado, las islas Vesteralen quedan incluidas en el espacio conocido como Laponia. En estas islas todavía se practica la ganadería del reno. Aunque no alcanza la misma importancia que otras actividades económicas como la pesca o la ganadería ovina todavía está presente, sobre todo, en la isla de Hinnoya. La topografía, muy bien diferenciada, es otro argumento de peso para reconocer dos grupos de islas distintos.

Aunque ambos archipiélagos son montañosos no lo son en la misma medida. De las tres islas principales de las vesteralen sólo dos pueden considerarse montañosas, Hinnoya y Langoya, siendo Andoya caracterizada por viejas formas escasamente elevadas y amplias zonas bajas y planas. En las otras dos islas encontramos montañas de altura media (1.200 aprox.) además de varios relieves escarpados y paredes casi verticales.

Pero, aunque la espectacularidad de estas se aproxima a las situadas en el archipiélago vecino, las montañas de las Vesteralen no se presentan la misma densidad en el sentido de cantidad con respecto a la superficie.

Los conjuntos montañosos o pequeños macizos no abundan ni tienen la misma continuidad que en Lofoten y cuando se encuentran sus formas afiladas no se repiten con la asiduidad que lo hacen Austvagoya o Moskenesoya. En Lofoten las formas de los relieves son más propias de estructuras alpinas y pese a tener su roquedo alrededor de 3 m.a. muchas montañas presentan una vigorosidad y aspecto juvenil que no encontramos más que en unos pocos enclaves en Vesteralen. En Lofoten, a excepción de Gimsoy y Rost los remates de los edificios montañosos son angulosos, las paredes tendentes a la verticalidad abundan, las zonas más aéreas muestran lejanas cornisas y cumbres separadas por empinadas canales, los collados son altos, las partes somitales desnudas, la roca alcanza tanto protagonismo visual como el propio mar y las topografías deprimidas destacan por su ausencia. La topografía tan particular de las Lofoten es una característica geográfica tan importante como la insularidad.

Es esa misma peculiar topografía la que ha permitido a las gentes del lugar hablar del Lofotwegen (“Muro de las Lofoten”). Esa altura y forma continuadas de las montañas lofoteñas que vistas desde las costas continentales de noruega esconden los estrechos que separan las islas y aportan un límite geográfico preciso de singular importancia territorial y, por tanto, para la vida de las comunidades humanas aquí asentadas a lo largo de la Historia: desde que existen las islas existe el Vestfjord. Este fiordo además de haber sido la zona de pesca por excelencia para la población local durante siglos también conforma otro horizonte de alta importancia estética. El fiordo del oeste forma parte de un sistema de fiordos en el que también incluimos el Ofotenfjord y el Tysfjiord así como la fosa de Traenadjupet. Tanto por su importancia territorial como natural y paisajística debemos unos renglones a estos fiordos.

Al otro lado del Vestfjord, a oriente de este se encuentra la recortada y montañosa costa de la porción continental de la provincia de Nordland, a la que también pertenecen los dos archipiélagos señalados anteriormente. De algún modo, el aspecto de esta costa es comparable a lo que antes denominamos “Lofotwegen”. Las tierras noruegas se prolongan hacia el interior de la península escandinava hasta encontrase con Suecia pero esto es algo que a simple vista se nos escapa ya que la masividad con la que se presentan y su recortado perfil, su skyline, oculta lo que los mapas muestran. Pero no sólo es lo que se ve o cómo se ve, el Vestfjord y el flanco occidental del continente son los elementos que median entre las islas Lofoten y los Alpes escandinavos, hecho este de especial interés geográfico.

La Noruega continental es, por tanto, otra referencia, como las Vesteralen y el Vestfjord, en muchos y diferentes sentidos, una referencia espacial, económica, administrativa y, desde luego, paisajística y/o estética, por ejemplo.

LOFOTEN: EL TOPÓNIMO.

El término `Lofoten´ es la palabra que en la actualidad es utilizada para referirse a uno de los archipiélagos noruegos que encontramos en el norte del país. En cambio, en tiempos pasados, hay quien continúa haciéndolo en la actualidad, la grafía más popular y comúnmente utilizada era `Lofoden´. Cierto es que las diferencias en la escritura y pronunciación de ambas palabras son mínimas, tan sólo varían en una letra y un fonema, pero no irrelevantes. `D´ y `T´ son fáciles de confundir en textos manuscritos y sus representaciones sonoras no difieren en demasía pero ¿por qué la sustitución de una letra por la otra?

En fuentes gráficas tan importantes como mapas y obras literarias de diferentes siglos, y al menos desde la Edad Media, se prefiere “Lofoden” en vez de “Lofoten”. Por ello podríamos concluir que la primera palabra ha sido elegida para dar nombre al archipiélago, o parte del mismo, en tiempos históricos y la segunda en tiempos más recientes a partir del siglo XX.

A pesar de las diferencias esgrimidas todo parece apuntar a que una y otra proceden del arcaico vocablo `Lofotr´ cuyo origen se pierde en el tiempo. Lofotr fue originalmente el nombre dado a la isla que hoy conocemos como VestvågØy. Para referirse a la hoy llamada AustvågØy se reservaba la palabra `Vargfotr´. Entonces ¿de dónde procede `Lofotr´? Los especialistas parecen haberse puesto de acuerdo en que `Lofotr´ significa “zarpa de lince” así como `Vargfotr´ vendría a traducirse como “zarpa de zorro”. Hay quien ha querido ver una relación clara y lógica entre los topónimos y sus significados al observar la existente cartografía contemporánea e, incluso, las imágenes de satélite que han revolucionado el estudio de la superficie terrestre. Es decir, se ha dado como buena la correspondencia entre la forma de las islas siguiendo su línea de costa y el perfil de las patas de ambos animales.

Otra teoría interesante es la que han aportado quienes repararon en la pronunciación que los islandeses practican de la palabra `Lofotr´. En Islandia que posee vínculos históricos y culturales (entre ellos lingüísticos) con los antiguos pobladores de Noruega, el término `Lofotr´ se pronuncia [loufuter], muy próximo a las palabras inglesas (las islas Británicas también poseen un pasado vikingo) `low´ y `foot´ que se traducirían como “bajo” y “pié”. ¿La parte baja del pié o de la pierna? Si es de un animal como un lince o un zorro hablaríamos de las zarpas.

Pero aún hay algo más. Al otro lado del Vestfjord se halla un fiordo llamado Ofoten. De acuerdo a lo dicho hasta aquí podríamos situar el origen de este vocablo en el término `Ofotr´. ¿Es descabellado pensar que islas (Lofoten) y fiordo (Ofoten) fueran parte de un todo: una pierna? Es decir, fiordo de Ofoten, parte de HynnØya y AustvågØy serían la pierna y VestvågØy el pié. Por supuesto, esto se hace más fácilmente comprensible al observar un mapa de la zona ya que Ofotenfjord e islas Lofoten aparecen encadenados.

Para añadir peso a esta última teoría hemos de decir que todos los términos repasados parecen de origen germánico (noruego) y no fino-ugro (Sami). Si así fuera podemos asegurar que esta percepción del entorno no es única dentro de esta cultura y civilización sino que contamos con un hecho parecido del que se da buena constancia en una de las famosas obras de Snorre Sturlusson: “La alucinación de Gilfy”. En este texto se habla del por qué de la existencia del lago Mallaren (Suecia). Esta se atribuye al levantamiento y desplazamiento de la tierra por parte de una diosa que luego serviría para formar la isla de Sealandia, actual Dinamarca. Entonces ya se habían observado las formas y dimensiones de ambos accidentes geográficos desde posiciones cercanas sin posibilidad de elevarse sobre la vertical.

LOFOTEN: NATURALEZA O PAISAJE.

Las percepciones que se tienen de los espacios, de los elementos que los forman, de la configuración territorial de estos y del aspecto que muestran han sido, son y serán siempre diferentes puesto que parten de puntos de vista individuales y, al mismo tiempo, mediatizados por la influencia del colectivo que depende de un contenido o coyuntura cultural e intelectual. Pero aunque no es este el momento para tratar sobre la percepción de nuestro entorno (ver epígrafe III) valga lo dicho para esbozar la complejidad que la diferenciación de los conceptos naturaleza y paisaje conlleva cuando se trata de elegir uno u otro.

Parecerá al lector este punto un hecho sin importancia pero no así lo considera el autor ya que considera dos cuestiones de fundamental importancia: la aproximación (intelectual, sensual y comercial) del individuo en cualquiera calidad que lo haga a este espacio insular así como la orientación de este texto y en particular su posible valor como instrumento de la industria turística en el archipiélago. O, dicho de otro modo, se considera de capital importancia lo que las personas que viven o llegan a las islas como visitantes piensan de estas y la puesta en práctica de un lenguaje que permita a aquellos interactuar o comunicarse con su entorno con el fin de entenderlo.

Es evidente, para cualquiera que haya visitado las islas o, incluso, solamente haya oído hablar de ellas que el entorno natural se muestra mejor conservado o más próximo a su estado óptimo que en otros lugares del continente europeo. En Lofoten, las numerosas montañas difícilmente accesibles rodeadas de un bravo mar y expuestas a todo tipo de inclemencias meteorológicas se ven afectadas por unas condiciones lumínicas cambiantes y especialmente originales que, en su conjunto, forman el hogar de numerosas especies animales fácilmente observables. Todo ello es lo que nos permite hablar de naturaleza y al mismo tiempo confundirnos cuando decimos que las islas son pura naturaleza o que su atractivo principal es la naturaleza. Digo confundirnos porque la naturaleza es mucho más que todo eso, también incluye al hombre, por ejemplo. Pero, en cambio, pocos de nosotros consideramos las casas, los tendidos eléctricos, las carreteras, los puertos, los barcos, los puentes y túneles, etc. parte de la naturaleza, aunque sean consecuencia directa de la existencia de una de las especies que sin duda caracterizan la vida sobre este planeta. Al mismo tiempo, la gran mayor parte de nosotros, sí estaríamos de acuerdo en que los deshechos de las grandes colonias de aves, los restos putrefactos de los cadáveres de cetáceos varados o las gaviotas que tratan de sobrevivir alimentándose en los basureros son parte de la naturaleza. Es esto una contrariedad y al mismo tiempo hipocresía. En Lofoten, como en la inmensa mayor parte de la superficie terrestre, unos y otros consumen, de diferentes maneras, los espacios. Cuando pensamos en especies animales, vegetales y minerales solemos referirnos a ellos como nichos ecológicos y, más incorrectamente, como medio ambiente o naturaleza.

Cuando pensamos en las actividades humanas hablamos de territorio que incluiría elementos naturales y antrópicos. Las Lofoten no están formadas únicamente por elementos naturales sino que también muchos de ellos son puramente antrópicos. De hecho, lo pintoresco de las islas, otro de sus grandes atractivos a nivel turístico, se lo debemos a la transformación de la naturaleza por parte del hombre de acuerdo a unas condiciones naturales y a unas exigencias humanas impuestas por la lucha por la supervivencia. La naturaleza desnaturalizada vive en nosotros y su retrato en el paisaje.

El paisaje, que podríamos definir como el aspecto que muestra el territorio, incluiría a todos los elementos que configuran este sin importar si su carácter es abiótico, biótico o antrópico, sin importar su tamaño o el lugar que ocupan. Y la interpretación del paisaje, gracias a diferentes disciplinas científicas, en definitiva, el uso de su lenguaje, nos permitiría leer en él y entender el pasado y el presente de los elementos naturales que lo forman además de los procesos históricos que han afectado a las comunidades humanas en contacto con ellos.

Estas son las razones, junto a las expuestas en el epígrafe III, por las que en este texto se considerará al paisaje como aglutinador de conocimientos y nexo de unión entre la percepción y la compresión de nuestro entorno y, en particular, el de las islas Lofoten.


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