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La nubosidad de estancamiento en el sector oriental del Macizo Asturiano

I. INTRODUCCIÓN:

Dentro del Macizo Asturiano, su sector oriental constituye un conjunto diferenciado topográfica y morfológicamente. El relieve de este sector es un factor geográfico de gran influencia no sólo para el clima sino que también ha condicionado la vida de aquellos que con él entraron en contacto pues esta zona ha sido el escenario histórico donde se han concentrado algunas actividades humanas que todavía perviven en la actualidad. Además, otras connotaciones de índole geológica, histórica, económica, paisajística o etnográfica han contribuido al reconocimiento de su singularidad dentro de la fachada cantábrica española.

Sin embargo, y pese a la demanda turística, entre otras, basada en el valor paisajístico de todo el sector, que mantiene al Parque Nacional de los Picos de Europa como “marca de calidad”, poco es lo que de esta zona se ha sabido, dentro y fuera de ella, al menos en cuanto a lo que a nubosidad de estancamiento se refiere.

Mounier, aún reparando en la importancia climática de la nubosidad de estancamiento dentro del dominio oceánico, dedica un breve epígrafe a este fenómeno meteorológico en el que se limita poco más que ha citarlo, siempre en relación a la nubosidad en general y sus consecuencias sobre la insolación: “Sabemos que la característica más marcada de las regiones del dominio oceánico reside en la mediocridad de la insolación. Sobre la fachada atlántica del NO de la Península los cielos están frecuentemente cubiertos; los estratos y las nubes cubren las regiones litorales, las masas nubosas densas (nimboestratos o cumulonimbos) ensombrecen el horizonte”. A continuación, tan sólo escribe unas líneas dedicadas a las nieblas y mares de nubes donde apunta la persistencia de estos durante los meses de junio y octubre.

Pocos años más tarde Julio Muñoz se hace eco de la obra del francés y recoge gran cantidad de información a la que añade la única mención específica al fenómeno de estancamiento en Asturias. En la página 107 recrea una situación de estancamiento y su posible desarrollo partiendo de “una situación anticiclónica de cierta persistencia”. Reconoce la necesaria existencia de un nivel de inversión térmica en la atmósfera para la formación de nubes estratiformes y señala el descenso de aire frío nocturno, posteriormente estancado en las áreas topográficamente deprimidas, como causante de la inversión térmica bien establecida al amanecer, dando lugar a nieblas de estancamiento sobre las que emergen los relieves montañosos. A continuación, y dependiendo de la época del año, la densidad de las nieblas y la topografía del terreno, las nieblas costeras del interior tienden a disiparse debido a la ausencia de un nivel de inversión, “salvo frecuentemente las de los surcos paralelos al litoral donde el relieve es muy favorable al estancamiento, se convierten en brumas o nubes que van subiendo al tiempo que desprenden finas precipitaciones hasta
aproximadamente el nivel de los collados de la Cordillera. Unas veces este proceso es muy rápido y completo, llegando a desaparecer la nubosidad antes del mediodía, pero otras es de gran lentitud y no puede completarse, de modo que la lluvia poco intensa puede durar bastante tiempo y llegarse a la puesta del sol con el cielo cubierto por una capa de nubes sobre la que solamente destacan las cumbres más altas de la divisoria; dicha capa suele desaparecer en las primeras horas de la noche al restablecerse la circulación subsidente” (Julio Muñoz). El autor vuelve sobre la nubosidad como elemento del clima, sin diferenciar de una manera explícita la nubosidad de estancamiento de las nieblas o brumas, además de tomarlas todas en conjunto cuando las relaciona con el aporte de humedad en calidad de precipitaciones ocultas. También apunta la trascendencia climática de la nubosidad baja afirmando que “aún en condiciones de estabilidad general pueden darse condiciones dinámicas locales capaces de provocar precipitaciones relativamente frecuentes pero de muy escasa intensidad” (Julio Muñoz) asociadas a la nubosidad de estancamiento.

La ausencia de estudios centrados en la nubosidad de estancamiento en el sector oriental del Macizo Asturiano o el leve tratamiento de este fenómeno en obras de índole general, como hemos visto, contrasta con lo sucedido en otros lugares de este mismo país donde las situaciones de estancamiento son mejor conocidas debido, entre otras cosas, a la dedicación de geógrafos como María Victoria Marzol quien dedicara su Tesis Doctoral al régimen anual de las lluvias en el archipiélago canario arrojando importantes detalles sobre la nubosidad de estancamiento en las islas. En primer lugar, ha demostrado que el relieve es, sin lugar a dudas, el factor geográfico más importante de todos los susceptibles de provocar irregularidades y cambios en las precipitaciones de las islas Canarias. Las lluvias orográficas suponen un alto porcentaje del total de agua recogida en aquellas islas con relieves superiores a los 1.000m de altitud. Victoria Marzol también deja constancia de la importancia climática que tienen el tipo de lluvias mencionado y relaciona las descargas de vapor de agua con “una vegetación densa constituida por formaciones relictas de laurisilva y de fayal-brezal”. Al tratar el régimen estacional de las precipitaciones va un poco más allá y apunta que los mares de nubes pueden proporcionar precipitaciones muy débiles (entre 0,1 y 1,0 mm. /24horas) y una notable humedad relativa en sectores muy concretos. “Sus valores más representativos corresponden a la estación estival, cuando no existe otro tipo de precipitación que encubra la debida a este fenómeno”.

De este repaso bibliográfico se deduce que las investigaciones climáticas más representativas de los últimos treinta y cinco años han considerado muy superficialmente la nubosidad de sstancamiento en el sector oriental del Macizo Asturiano, aún teniendo una importante trascendencia climática, paisajística, económica y etnográfica. Por ello, en las siguientes páginas, se pretende ofrecer una imagen de la nubosidad de estancamiento en el sector oriental del Macizo Asturiano con carácter introductorio, tratando de insinuar las directrices de un posterior estudio que continúe y complete lo investigado para este.

De una manera estricta, el acercamiento a este fenómeno dentro del sector oriental del Macizo Asturiano parte del análisis de la relación entre el relieve y los tipos de tiempo atmosférico en un área concreta del territorio español. Se pone de manifiesto la singularidad de un relieve y la importancia de este, junto a la proximidad del mar, como factor geográfico del clima, determinante
de ciertos matices del mismo, que permitirá interpretar esquemáticamente una realidad reiterada pero frecuentemente marginada en los estudios climáticos y meteorológicos.

Por tanto, tomando como escenario el conjunto del sector oriental del Macizo Asturiano, se pretenden esbozar las líneas maestras para la descripción y localización de la nubosidad de estancamiento, sus causas y sus consecuencias, tales como la interferencia de las nubes bajas en las actividades humanas o la incidencia de la nubosidad en el paisaje y la percepción de este por parte del observador. De ello se deduce la importancia de elaborar una clasificación de los tipos de tiempo atmosférico con nubosidad de estancamiento a partir de situaciones sinópticas dadas, a partir del conocimiento de la manifestación real del estado de la atmósfera.

Los métodos utilizados para el estudio de la atmósfera pueden dividirse en dos tipos: aquellos que se basan en técnicas analíticas gráficas y aquellos que lo hacen en la observación directa. Entre los primeros se encuentran las situaciones sinópticas, que permiten analizar la circulación atmosférica regional y, con ello, la dirección de los vientos, y las curvas de estado que muestran la temperatura de la atmósfera entre el nivel del mar y 5.000m y nos permite comprobar la existencia de niveles de inversión térmica. Otros métodos utilizados se basan en la observación del fenómeno a través de imágenes de satélite que nos permiten diferenciar los tipos de nubes, su ubicación y la extensión de las mismas, y el trabajo de campo que aporta datos tomados in situ durante fechas concretas coincidentes con fenómenos de estancamiento. Los datos que añade la observación directa son muy importantes para comprobar la incidencia paisajística de este fenómeno que ha sido analizado a través de imágenes de satélite, mapas isobáricos, curvas de estado, fotografías, gráficos y tablas.

Entre las imágenes de satélite utilizadas encontramos dos tipos distintos diferenciados por el servidor y la calidad de las mismas. Las imágenes MODIS son fruto de las investigaciones de científicos estadounidenses dentro del marco institucional del Directorio de Misiones Científicas, en el llamado Earth Science Applications Program. En el año 2.000 vieron las grandes posibilidades que este tipo de imágenes ofrecía para el control de fuegos y catástrofes naturales por lo que el equipo MODIS desarrollo el MODIS Rapid Response system para proporcionar un acceso rápido al banco de imágenes MODIS globales a través de Internet. Esta información se ofrece a diferentes escalas (250m/píxel, 500m/píxel, 1.000m/píxel y 2.000m/píxel) al tiempo que permite seleccionar la combinación de bandas (radiación visible, 1-4-3, 3-6-7, 7-2-1) para su visualización. También la procedencia de las imágenes varía puesto que son captadas por dos satélites distintos: Terra y Aqua.

Las imágenes NOAA deben su nombre al satélite que las capta que, a su vez, recibe el nombre del organismo estadounidense para el estudio de la atmósfera y los océanos, y pueden consultarse en versión de baja resolución (“quicklook”) en la página web del Dundee Satellite Receiving Station, perteneciente a la Universidad de Dundee, en el Reino Unido. En esta estación receptora se han estado grabando imágenes de satélite desde 1.978 bajo el amparo del NERC (Natural Enviroment Research Council). Son imágenes representadas en escala de grises que ofrecen menor detalle, debido a su menor resolución espectral y espacial, pero permiten precisar las diferencias entre formaciones nubosas. Todas las utilizadas en el trabajo son imágenes del Canal 1 (violeta, 412nm) y Canal 4 (verde, 510nm).

Los mapas isobáricos que aparecen en el estudio representan los análisis en superficie y topografía de 500hPa para las fechas dadas, en las que se observó un fenómeno de nubosidad de estancamiento. Proceden de los fondos del Instituto Nacional de Meteorología que los pública en su Boletín Meteorológico Diario. Este material conforma la base de los estudios pretendidos.

Las curvas de estado se han elaborado a partir de los archivos del Centro Nacional de Datos Climáticos (NCDC) y el Laboratorio de Sistemas de Predicción Meteorológica (FSL) de los Estados Unidos. Todas las mediciones han sido realizadas por la estación de Santander (43º 47´N, 3º 8´W) que es la más cercana al área objeto del estudio.

En las jornadas de trabajo de campo, coincidente con fenómenos de estancamiento en el sector oriental del Macizo Asturiano, se tomaron numerosas fotografías que, tras su selección, han sido incluidas en el trabajo de investigación con la intención de completar la información necesaria para la más fácil comprensión del texto.

Con todo este material se ha seguido un proceso metódico consistente en la búsqueda de posibles fenómenos de estancamiento en el sector oriental del Macizo Asturiano, partiendo de las imágenes NOAA, para confirmar o descartar posteriormente el estancamiento con las imágenes MODIS de mayor calidad y detalle. Una vez situado el fenómeno temporal y espacialmente se analiza la situación sinóptica en los mapas isobáricos correspondientes a los análisis en superficie y de la topografía de 500hPa, ofrecidos por el Instituto Nacional de Meteorología. De esta manera se puede hacer una primera selección de acuerdo a la circulación atmosférica regional que desembocará en una clasificación de tipos de tiempo atmosférico. Tipos de tiempo con nubosidad de estancamiento observada en imágenes de satélite y confirmada por las curvas de estado realizadas a partir de sondeos atmosféricos.

El resultado final pretende ofrecer una posible vía para el conocimiento de la nubosidad de estancamiento en el sector oriental del Macizo Asturiano en particular, pero también la nubosidad de estancamiento en el conjunto del área cantábrica. Pero sobre todo pretende analizar y representar, a partir del material descrito, las condiciones atmosféricas que desembocan en situaciones de estancamiento, es decir, crear una colección de imágenes comentadas que orienten unas investigaciones más profundas y rigurosas a posteriori, dentro del mismo ámbito local o en trabajos geográficos de índole más general.

La clasificación de tipos de tiempo con nubosidad de estancamiento insinúa la conveniencia de una caracterización más precisa en la percepción e interpretación del tiempo atmosférico por el observador, bien sea un pastor, un turista o un investigador ya que de una forma u otra la persistencia de este fenómeno así como su predicción han sido circunstancias cotidianas en la vida de los grupos humanos que han conformado el paisaje actual de todo este sector eminentemente montañoso. Tanto para las comunidades rurales en él establecidas como para aquellos que han visitado esta área de forma periódica o esporádicamente –y siguen haciéndolo cada vez más asiduamente–, la nubosidad de forma general pero la nubosidad de estancamiento de manera especial se han convertido en un factor decisivo a la hora de programar sus actividades profesionales o de ocio. Así, en primer lugar, la existencia de una cubierta vegetal específica se relaciona con unas condiciones climáticas dadas que ya conocemos pero ciertos núcleos locales de formaciones vegetales pueden relacionarse directamente con la nubosidad baja, como es visible en las áreas de transición o, como veremos más adelante, de degradación del clima oceánico en su transición al mediterráneo. Tanto el aprovechamiento de esta cubierta vegetal (portes herbáceo, arbustivo y arbóreo) en las actividades agrícolas y ganaderas como las condiciones meteorológicas para deportistas y turismo en general nos dan una idea más cercana a la realidad de un espacio en el que los hombres han dependido y siguen haciéndolo de este elemento climático a la hora de realizaruna u otra actividad.

Varios y numerosos textos con estimable rigor científico nos pueden proporcionar abundante información fitológica sobre las comunidades vegetales de todo este sector oriental del Macizo Asturiano, generalmente atendiendo esta práctica a los distintos tipos de especies y su distribución. Para nuestro argumento únicamente nos ayuda el segundo punto puesto que las variadas y originales especies vienen dadas por un clima que, como ya sabemos, presenta diferencias regionales. Estas van a ser las que nos permitan afirmar que la nubosidad de estancamiento interfiere en la existencia de especies concretas ya que es precisamente, en estas áreas de transición, con un clima degradado donde un aporte de humedad escaso será determinante. En este punto el valle de La Liébana es el ejemplo recurrido al acoger unas precipitaciones inferiores a las del resto del conjunto, lo cual también se observa en Sajambre y Valdeón, pero “cuando el efecto ecológico del valle  interno se atenúa, como consecuencia de la fácil llegada de las masas nubosas oceánicas, la precipitación se incrementa espectacularmente. Esto es evidente en el valle del río Deva, ya que mientras en Potes se miden 683mm, en el Desfiladero de la Hermida, como consecuencia del efecto reseñado, se registran 1.395mm en Lebeña y 1461mm en la Hermida; en estas áreas del desfiladero se observa cómo el encinar se hace rupícola y alterna con los bosques ombrófilos del Carpinion ricos en tilos (Polysticho setiferi-Fraxinetum excelsioris tilietosum platyphyllae), y cómo se hacen comunes las surgencias de agua cargadas de carbonatos que permiten el desarrollo de la vistosa asociación Hyperico nummularii-Pinguiculetum coenocantabricae” (Rivas Martínez). Aunque son escasas las referencias a estudios que combinen la vegetación con la nubosidad de estancamiento son suficientes para corroborar la asociación entre ambos y subrayar el protagonismo de la segunda y su influencia directa e indirecta sobre el paisaje.

Pero son sobretodo los aspectos biogeográficos, como la extensión y localización del hayedo orocantábrico, los que nos interesan en este estudio. El haya es una especie emblemática del dominio oceánico europeo cuya distribución depende en primer lugar del tipo de suelo y de las condiciones higrométricas del lugar. Por tanto, podemos analizar, a posteriori, la distribución del hayedo en este sector de acuerdo al aporte hídrico procedente de las precipitaciones verticales y horizontales, en forma de nieve o agua. Llegados a este punto observamos que la extensión del hayedo en este sector se prolonga hacia el sur a través de los collados que conectan los pasillos naturales (valles transversales) y fosas tectónicas con las montañas de la divisoria, límite meridional de la Iberia húmeda. De nuevo vemos en este hecho las modificaciones que la topografía introduce ya que serán las nubes bajas llegadas hasta aquí, de acuerdo a la evolución precedente del fenómeno de estancamiento, quienes aporten la humedad necesaria para crear el ambiente climático óptimo que posibilite la existencia del hayedo en áreas más meridionales.

Como se ha dicho anteriormente la nubosidad de estancamiento también interfiere en las actividades cotidianas de aquellos que viven en el área tanto como en las de aquellos que visitan este espacio temporalmente: se demanda un mismo espacio para usos diferentes dependientes del tipo de tiempo atmosférico. Si bien es cierto que los usos del suelo son diversos en todo este sector también lo es el que estos han ido cambiando a lo largo de la Historia de manera más o menos rápida. La topografía sumamente accidentada ha dejado los fondos de valle y rasa costera como espacios favorables para el asentamiento humano y, por tanto, para los cambios que estas comunidades conllevan revirtiéndolos sobre sí mismas y sobre su entorno. Pero pese al inevitable paso del tiempo hay una actividad, esencial en el sector oriental del Macizo Asturiano, que se ha desarrollado a lo largo de 5000 años de Historia en las áreas de montaña: el pastoreo.

Prácticamente llega intacta (cualitativamente, no cuantitativamente) a nuestros días y con ella la explicación del paisaje, abundante sabiduría popular y conflicto medioambiental. Para este trabajo el segundo de los legados es una fuente fundamental de información ya que en él incluimos a la toponimia que surge de unas necesidades muy concretas, tras largas horas de observación.

En toda labor pastoril la nubosidad en general es un elemento más de su entorno al que deben adaptarse pero cuando hablamos de estancamiento ya no sirven generalidades puesto que dependiendo de la manera en que este se manifieste la respuesta por parte del pastor será una u otra. Valga como ejemplo para este caso la diferencia entre un mar de nubes estival que deja sobresalir las más altas cotas (Las Moñas o Liordes, por ejemplo) en las primeras horas del día y, en una posible evolución de este, tomar las zonas más altas dejando a oscuras los valles en las últimas horas de la tarde. La relación tan estrecha existente entre la vida del pastor y los meteoros hacen de su experiencia un puente al conocimiento.

Un buen conocedor de este quehacer es Gonzalo Barrena quien apunta muy acertadamente esa adaptación de los pastores de Picos de Europa de la que hablábamos al medio en el que realizan su actividad profesional, que en este caso podemos denominar nuboso: “…de las nieblas, ha de defenderse principalmente su pastor. Por eso una cultura de prudencia y oído sabe discernir desde que hay latón los lloqueros (cencerros) precisos de sus animales, averiguándolos en un cielo gris de borrín y combatiendo la alianza fatal entre los quiebros del suelo y el desavío que produce la niebla”. Es toda una “cultura de las señales muy rica en nombres y matices” (Gonzalo Barrena) que se completa con diferentes voces y una “micronimia” de espectacular exactitud, consecuencia clara de un hábitat oscuro. Barrena acaba afirmando en “Señales y sonidos” que, en el caso de los cencerros, “su sonido, engastado en la niebla y el verde húmedo del paisaje, componen la sensación más genuina de este territorio”.

La percepción de este tipo de nubosidad por parte de los pastores y su influencia en las actividades ganaderas ayudan a comprobar y comprender la vinculación entre el hombre y el espacio que aprovecha. Mario González, de Gamoneu de Onis, y Antonio Fernández, con cabana de Humartini, recalcan la abundancia de este tipo de niebla durante el mes de junio al que Antonio atribuye también una nubosidad más espesa que le llevará a hablar del tipo de tiempo como “ciegu”, a diferencia de lo que generalmente llaman “nublau” más propio del mes de julio.

Independientemente del mes durante el que se produzcan estas nubes bajas sus consecuencias son bien conocidas: “bueno para el suelo (por el aporte hídrico), malo para secar la hierba y buscar el
ganado” dice Rosalía Guerra en su cavana de la Terenosa. Pero también la nubosidad desencadena hechos más dramáticos como la pérdida de pastores (apunta Mario González) o el encuentro inesperado con animales salvajes como le ocurriera a Cándido Asprón al enfrentarse a varios lobos.

La toponimia del otro sector montañoso que nos incumbe (Sierra de Cuera) arroja también información decisiva acerca de este fenómeno reflejado en el nombre de otro asentamiento histórico: la majada de Tebrandi, en Cabrales. Julio Concepción Suárez dice en su “Diccionario toponímico de la montaña asturiana” acerca de la palabra y el lugar lo siguiente: “En asturiano tinibréu, tinebreru, tinibriru, hacen referencia a las `tinieblas, la oscuridad. En el caso toponímico, la reducción de la voz daría el resultado actual, con referencia a la nublina. Tebrandi es la collada límite entre los pastos de Asiegu (Cabrales) y el puerto de Brañes por La Mata. Se trata de una vaguada en el alto, sobre la que posa recia la niebla muchos días al año: parece el límite de las sombras del Cuera. Dicen los pastores que hasta allí asciende la neblina del mar por la cuenca del río Terviña y hasta allí descienden las nieblas del Cuera muchas tardes del verano dejando La Mata y Brañes ocultas a media tarde”. “Para Tebrandi se podría pensar en la voz latina tenebrae (`tinieblas, oscuridad´), más el morfema –ndi que parece indicar `abundancia de, cualidad de, lugar de: nieblas, en este caso”.

Aunque en todo el área que nos compete la tradición rural aún es manifiesta gracias a las actividades agrarias tradicionales que han dejado su huella en el paisaje, y aún numerosas familias viven en el campo y del campo, no son estas las actividades económicas que ahora destacan en toda la zona. El sector secundario ha dejado paso al sector terciario y, ahora, son las múltiples formas en
las que se presenta el turismo las actividades que marcan la explotación de una nueva industria que depende en gran medida de las condiciones atmosféricas.

Encontramos sectores muy bien definidos dentro de todo el conjunto, con una vocación específica como destinos turísticos, y organizados según las unidades geomorfológicas. En la rasa costera destaca la dedicación al turismo “de playa” y actividades relacionadas con el disfrute del litoral; el surco prelitoral y las cuencas intramontanas tienen una mayor dedicación cultural y, sobre todo, gastronómica; los Picos de Europa, marca turística de calidad de toda la zona, reciben oleadas de visitantes que buscan una relación estrecha con el medio natural; por último la cadena litoral de Cuera queda al margen, de momento, de estas actividades permaneciendo casi como un espacio acotado para pastores y curiosos. Para los desplazamientos, objetivos diarios, permanencia en estos
espacios, etc. de los individuos, en definitiva para conseguir un elevado grado de satisfacción personal de los visitantes, que puede traducirse al lenguaje de la actividad económica como rentable, la nubosidad de estancamiento es un factor fundamental.

Después de más de un cuarto de siglo de la actividad turística en las costas de la península Ibérica–asegura Jean-Pierre Besançenot– el atractivo del clima constituye uno de los factores más decisivos. El “buen tiempo”, asociado a días soleados, despejados, está en algunas regiones centrado en estaciones concretas en las que el “mal tiempo” (días cubiertos) contraria las actividades al aire libre. En nuestro caso concreto sólo entre junio y septiembre optamos a la asiduidad del buen tiempo, aunque es en este periodo cuando la nubosidad de estancamiento alcanza mayor protagonismo. Hablamos evidentemente de horas de insolación, o de la cantidad de tiempo que la nubosidad permanece cubriendo este sector oriental del Macizo Asturiano.

Besançenot opta, en términos más abstractos, por definir un ideal climático y confrontarlo objetivamente a la realidad para conocer el potencial turístico del clima, “relacionado con el beneplácito del cliente y un estado de confort que provenga del equilibrio biológico entre el individuo y su entorno”. Los índices climático-turísticos, continúa el autor, hacen hincapié en la interdependencia de los principales elementos del clima. Con estos y a través de la frecuencia de distintos tipos característicos de ambientes atmosféricos nos acercamos a una clasificación de tipos de tiempo realizada en función de cinco parámetros: la duración de la insolación/nubosidad, la duración de las precipitaciones en fase diurna, la temperatura máxima diaria, la velocidad del viento medida a medio día y la evaporación en un momento concreto. Según esta clasificación seis tipos de tiempo distintos, de los nueve posibles, toman la presencia de nubes como factor determinante: muy buen tiempo soleado, buen tiempo soleado, tiempo fresco soleado, buen tiempo con cobertura nubosa parcial, buen tiempo con breve episodio lluvioso y tiempo podrido. Cierto es también que se puede confirmar la existencia de veranos excepcionales o variaciones interanuales que vuelven a poner de manifiesto el papel de la nubosidad que se ve reforzado cuando observamos que los ambientes más confortables se ven penalizados por la llegada del mal tiempo, del 35% al 42% de las ocasiones (según datos del propio Besançenot), a lo largo del litoral vasco-cantábrico. En definitiva, la irregularidad del clima expone al turista a un riesgo notable de ver sus vacaciones malgastadas por el mal tiempo o la falta de un grado de confort.

Una prueba más contundente, por ser una prueba física, que cualquiera puede corroborar al adentrarse en los Picos de Europa es la existencia de jitos en los tres macizos. Esta peculiar señalización se relaciona directamente con los montañeros para los cuales se entiende como “montoncito cónico de piedras que señala la senda en los altos” (Julio Concepción Suárez) con la finalidad de marcar el camino o ruta sobre la roca caliza y no perder la dirección correcta en días de niebla cuando estos jitos se convierten en la única referencia.


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